Quince años ha empleado Edward Carey en ficcionar la, desventurada, vida de Madame Tussaud y sus famosos de cera. Con un montón de dibujos y una presentación primorosa de Blackie Books. Me imagino a Edward disfrutando como un enano mientras lo escribía. Yo lo he disfrutado mucho ( creo que hacer desfilar a todos los personajes de la Revolución es un acierto también). Me da bastante ternura el final de la viuda, y como Little le desea el menor sufrimiento posible.
" Esperaba que alguien se mostrase amable con ella en la carreta. Esperaba que fuera la primera de su tanda. Esperaba que no comprendiera que estaba a punto de perder la cabeza. .. Espero que hiciera sol. Espero que hiciera calor. Vieja loca enorme."
Emmanuel Carrere es una debilidad. Este libro recopila artículos publicados en todas las revistas más increiblemente cool del mundo, y es como una retrospectiva de las vivencias que le llevaron a escribir todos sus libros. Hay reflexiones muy interesantes sobre por qué hace lo que hace, según el non-fictional más bien emperador de la auto-ficción, y por qué sus novelas siempre acaban hablando de él, y sus problemas existenciales de intelectual occidental guapetón forrado. Deja claro que no es un accidente que empiece hablando de asesinos o de San Lucas y terminé contándonos sus propios altibajos, piensa que es capital que el autor este presente, porque como el científico que estudia un fenómeno está alterando la realidad ( por ahí se queja de la invisibilidad de Capote en A sangre fría). El último capítulo, En busca del hombre de los dados, es una maravilla.


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